La industria cosmética siempre ha sido escenario de innovadoras técnicas de marketing sensorial y modelos de negocio especiales, y ciertamente no por pura casualidad. De hecho, estamos hablando de un entorno muy competitivo, en el que no se lucha por satisfacer una necesidad primaria, sino un deseo profundamente arraigado en el ser humano: la consecución de la belleza.
Cada uno de nosotros desea, en el fondo, parecer agradable a los ojos de sus compañeros, sobre todo cuando este concepto de belleza se convierte en la llave de muchas puertas y oportunidades. Una de las partes de nuestro cuerpo a la que prestamos especial atención es la piel, y así lo demuestra la enorme gama de cremas cosméticas y tratamientos de belleza para el rostro que hay en el mercado.
Pero, ¿por qué nos interesa tanto nuestra piel? Ya hemos respondido a una parte de la pregunta, pero podemos añadir a la respuesta que tener una piel suave y bien cuidada nos hace parecer más deseables y saludables. Estos valores están en la base de la construcción social de la belleza, y son los mismos que hacen que quienes los poseen parezcan personas que se preocupan por su bienestar físico y mental, pero sobre todo más seguras de sí mismas y de sus medios. Cuidar la piel es una de las muchas formas de demostrar afecto y sentirse bien, pero no es casualidad que este órgano sea la parte de nuestro cuerpo a la que solemos prestar más atención.
De hecho, nuestra piel se encarga de regular los intercambios entre el exterior y el interior del cuerpo, realiza una labor de protección frente a las amenazas de microbios y bacterias, pero sobre todo está siempre expuesta a los agentes agresivos del mundo exterior. Por estas razones, la piel se considera una parte sensible y delicada, que como tal debe cuidarse y tratarse siempre con los mejores productos. Entre ellas, las más populares son sin duda las cremas antienvejecimiento, que son un tratamiento de belleza útil para contrarrestar los signos de la edad y mantener un aspecto juvenil.
A la luz de estas consideraciones, IPS ha decidido desarrollar un nuevo gadget para ayudar a los clientes potenciales a elegir los productos cosméticos más adecuados para sus necesidades. Así nació Wrinkle Test, el probador promocional capaz de detectar el estado de las arrugas de la piel y las líneas de expresión.
Wrinkle Test
el número uno en pruebas personalizadas para la piel del rostro
Los primeros signos de envejecimiento suelen aparecer a partir de los 30 años y se manifiestan en forma de finas líneas a los lados de la boca y en las comisuras de los ojos, antes de hacerse más gruesas y visibles a partir de los 40 años. Si queremos frenar y ralentizar el proceso de envejecimiento biológico, es importante realizar un tratamiento cosmético antiedad precisamente en este periodo de nuestra vida, pero no sin antes conocer cuál es nuestro estado real de envejecimiento y cuál es la estructura de nuestra piel.
Es ahora cuando el IPS Wrinkle Test viene en nuestra ayuda, siendo una herramienta diseñada para ofrecer un chequeo inmediato y no invasivo del progreso de las arrugas y líneas de expresión. De esta manera se puede entender cuál es el tratamiento antienvejecimiento que mejor se adapta al estado de envejecimiento de nuestra piel, garantizando mejores y más seguros resultados.
Además, este artilugio promocional es muy fácil de usar: basta con frotar los dos probadores desechables en la zona del rostro en cuestión y luego comparar el resultado con los de la leyenda, para obtener el resultado del análisis. Por último, cabe destacar que nuestro Wrinkle Test es absolutamente atóxico y Made in Italy y, sobre todo, completamente personalizable con los gráficos de su empresa.




